
¿Por qué tanta gente posterga resolver su estado civil? La fractura entre la práctica legal y la realidad nacional
He celebrado más matrimonios que divorcios. Aún así, los divorcios en Guatemala han subido un 81% desde 2015. No menciono esto con el propósito de magnificar mi experiencia. Por el contrario, esta realidad me invita a reflexionar sobre el bufete como una ventana que permite acercarse a pequeñas y determinadas dinámicas sociales.
Problematizo, según datos del Registro Nacional de las Personas (RENAP), en 2024 se inscribieron 11,828 divorcios. Las cifras disponibles muestran que este fenómeno ha crecido de forma significativa. El mismo informe señala que, en comparación con 2015, los divorcios inscritos registran un incremento aproximado del 81%. Sin embargo, la realidad social es más compleja que lo que reflejan los registros formales.
Aunque hay un aumento en los divorcios, esto no necesariamente implica que los datos reflejen la realidad del país. En un contexto marcado por estructuras sociales patriarcales, desigualdades económicas y un limitado acceso a información jurídica, resulta difícil comprender plenamente las razones detrás de este fenómeno, especialmente cuando los datos disponibles son escasos y cuando, además, no se logran visibilizar aquellas rupturas de pareja que no se formalizan jurídicamente.
De hecho, una cuestión que merece mayor atención es el hecho de que muchas personas continúan legalmente casadas durante años después de haberse separado físicamente. La distancia entre la realidad social y el estado civil formal puede responder a múltiples factores tales como las ideas preconcebidas de los costos económicos del divorcio, las barreras legales e idiomáticas, las dinámicas familiares e incluso imaginarios culturales sobre el matrimonio y el divorcio. Quizá la pregunta no sea únicamente por qué aumentan los divorcios, sino también por qué tantas separaciones nunca llegan a convertirse en divorcios.